Las Técnicas


En Barroquema se remarca el carácter innovador de formas y estilos. El proceso técnico empleado para la elaboración de la cerámica es único en el Ecuador. Se trabaja con arcillas de alta temperatura (gres, porcelana de 1100º a 1300º grados centígrados al igual que arcillas rojas, chamota…) y cada pieza se somete a dos cocciones; la primera se llama “bizcocho” y la segunda, comúnmente muy larga, (alrededor de seis o más horas de quema) se ejecuta según la técnica.

Entre las técnicas predilectas del taller están las cristalizaciones, rojos de cobre, celadones, rakú, que son técnicas de gran complejidad, estas son adaptadas a las formas, decoraciones y estilos artísticos propios del taller. Las pastas cerámicas y esmaltes son producidos por Juana Lloré, Marco Ullauri y Sofía Ullauri en el taller, tras minuciosas investigaciones químicas (teóricas y prácticas) con materia prima de distintos orígenes. Barroquema se ha establecido como un taller laboratorio donde se experimenta y se da cabida a ideas innovadoras y de alto alcance. Cabe resaltar que los esmaltes de Barroquema están libres de plomo u otros elementos tóxicos.

La increíble historia de las cristalizaciones
A mediados del siglo XVIII, la cerámica se realizaba en grandes manufacturas como todo trabajo industrializado. En Europa, cada fábrica competía por conseguir los esmaltes más exclusivos, desafiando siempre la ciencia en nombre de la belleza. Es en 1885, en la fábrica de porcelana de Sèvres, en París, que se desarrollaron por primera vez los esmaltes cristalinos. Técnicos industriales constataron que los esmaltes realizados con una sobresaturación de silicato de zinc producían cristales. Se emitió una alarma a los químicos en otras fábricas de cerámica y se advirtió la forma de evitar este "problema". Intrigados, muchos fabricantes empezaron a producir estos tipos de esmaltes pero no fue hasta 1897 que Sèvres comenzó a producirlos. La primera Guerra Mundial causó que la mayoría e empresas detengan la fabricación de estos esmaltes y la producción de este tipo de piezas. Durante los años 1920 y 1930, se dio un cambio en el estatuto del artista ceramista. El trabajo de la cerámica deja de ser únicamente una actividad industrial y/o artesanal. El ceramista es un autor, creador e investigador de la tierra y el fuego. Ellos elaboraban sus propias arcillas, esmaltes, equipos… manteniendo una relación muy próxima con la alquimia de la materia. La investigación sobre el color, las texturas, las pastas cerámicas… ha permitido que la cerámica sea considerada un arte indisociable de la búsqueda científica.

La técnica de producción de las cristalizaciones tiene costos elevados ya que necesita de largos procesos de cocción además de un control muy minucioso de la temperatura: la cual debe llegar a más de 1280º durante más de 8 horas y sufrir choques térmicos brutales para que los cristales aparezcan. El resultado es siempre impredecible.
Pese a que en la actualidad, la tecnológica permite el control de la temperatura del horno, la cristalización es una técnica muy difícil de obtener y sumamente apreciada en el mundo de la cerámica de alta. Su carácter inusual e imprevisible, intriga a ceramistas y espectadores, por la belleza de los cristales y las sorpresas de la transformación de la materia.

El rakú y el arte de ahumar la tierra
El Rakú es una técnica milenaria de origen japonés, desarrollada en principio por los coreanos y luego pasó a Japón. La técnica se aplicaba comúnmente a las vasijas que se utilizan para la ceremonia del té. En occidente el rakú es realizado con algunas variantes y adaptaciones. Los cambios de temperatura, la espontaneidad y rapidez del gesto, brindan resultados que contribuyen a que esta técnica sea un juego muy atractivo. Efectivamente, 
“Rakú” en japonés significa fácil y divertido.
Para realizar el rakú, se realizan normalmente dos cocciones. La primera, llamada bizcocho a 1000º y la segunda que rodea los 1100º. Así las piezas tienen la capacidad de soportar los cambios bruscos de temperatura ya que el rakú interrumpe el proceso de cocción de la pieza de barro para terminar su quema fuera del horno y lograr el vidriado. Las piezas son extraídas del horno con pinzas y en caliente para luego sumergirlas en una cantidad de aserrín.